dissabte, 19 de febrer del 2011

¿Qué son las rabietas?


Alrededor de los dos años los niños atraviesan un momento especialmente delicado en sus vidas. Se ha venido a llamar “los terribles dos” o “la primera adolescencia” porque representa el
primer gran cambio, la primera gran transformación en la vida de nuestros hijos.

Las primeras manifestaciones de este momento son claras: rabietas (esto es lo más característico), indecisión, ambivalencias (quiero esto, ahora no lo quiero, ahora sí), necesidad de mimos y cercanía constantes o todo lo contrario (ni me toques, yo no me hecho daño, etc..), agresiones, cambios de humor, de sueño, de apetito…

El control y la maduración de las emociones y la interiorización de límites son los caballos de batalla de esta etapa.

Desde el punto de vista del desarrollo, alrededor de los dos años tiene lugar un descubrimiento muy importante para el niño que es el “yo” , es decir, la capacidad de verse y entenderse a sí mismo como una persona diferente de la madre.

Este descubrimiento arrastra consigo grandes emociones (yo puedo hacerlo todo solo! Me como el mundo, etc..) pero también grandes ansiedades (no me dejes sólo, qué miedo da el mundo, qué frustrante es todo, etc..). Es como si el pequeño “estrenase” una ropa que todavía no le ajusta perfectamente.
En el plano afectivo, esto significa que el pequeño comienza su “autorregulación” emocional. Si hasta ahora el límite de la emoción lo encontraba en la contención materna, a partir de ahora el niño se enfrenta a la tarea de comenzar a contener por él mismo sus emociones (por eso ahora parece no bastar con nuestro interés o nuestra empatía).

Junto a este proceso, a nivel cognitivo tiene lugar en esta etapa el nacimiento y afianzamiento de la capacidad simbólica, que va profundamente unida al desarrollo del lenguaje y del pensamiento formal. Así, nuestro pequeño cambia radicalmente su forma de “pensar”, es decir de elaborar los sucesos que ocurren tanto fuera como dentro de él. Al disponer del lenguaje y de la función simbólica, el pequeño va a ser capaz de organizar su pensamiento (y con él sus deseos, sus criterios, establecer relaciones causales entre los sucesos, encontrar similitudes y diferencias, etc..).
En este momento comienza a tener acceso a unas herramientas cognitivas cada vez más sofisticadas y gracias a esto tendrá acceso a aprendizajes cada vez más complejos.

Sin embargo, todo este avance (el nacimiento del yo, el acceso a la función simbólica, el lenguaje, el pensamiento..) no ocurre de un día para otro ni todo a la vez. El pequeño avanza a trompicones y los desajustes son parte del proceso. Desajustes que se viven en su forma más llamativa en las rabietas: cuando el pequeño “patina” en el control emocional y pierde el control a todos los niveles.

Si antes era a través de la madre, a partir de este momento será él mismo quién tendrá que localizar o generar paulatinamente sus propios recursos internos para manejar la rabia, la ira, la frustración, la agresión... de forma adaptativa.

Como el desarrollo no sucede de la noche a la mañana, básicamente lo que son las rabietas es un desajuste tremendo entre las nuevas capacidades junto el material afectivo que tiene el niño que manejar con los limitados recursos de los que aún dispone.